lunes, 13 de octubre de 2014

ABAJO EL EMBARGO, VIVA EL EMBARGO



ABAJO EL EMBARGO, VIVA EL EMBARGO
Orlando Luis Pardo Lazo

El New York Times no está a favor ni en contra del embargo norteamericano al gobierno de Cuba. El New York Times está simplemente a favor de lo que en cada circunstancia le sea más conveniente al castrismo.

Por eso fue que el New York Times publicó justo ahora ese editorial reciclado donde pide el fin del embargo por 1959na vez, pasando incluso por encima de la ley norteamericana (son como las ranas de una fábula fidelista, que le exigen a la Garza Blanca que gobierne a golpes de resolución presidencial).

Por eso, también, el New York Times, acto seguido de su editorial de distracción, le abrió sus páginas al debate plural entre los mil y 959 cubanólogos: para así disolver del todo la atención, para no hablar de lo más importante ahora (y desde hace dos años), para omitir olímpicamente la presencia en Estados Unidos del testigo de un doble asesinato de Estado por parte del régimen de Raúl y Fidel.

En efecto, Ángel Carromero se encuentra en territorio norteamericano. Sin embargo, la última referencia del New York Times a este caso criminal del castrismo es del año pasado. La denuncia de la familia Payá-Acevedo, la complicidad del judicial y el ejecutivo español con este asesinato anunciado, las violaciones y burlas de los uniformados de verde oliva en la Islita de las Infamias: nada de esto es newyorktimelizable. Sólo el embargo les encanta, porque saben que funciona como un motor de mentiritas.

Por eso no respeto ni un ápice a los grandes medios. Son maquinarias de matar a cambio de majestuosos salarios. Prefiero la voz ínfima de los don nadies. Las biografías casi anónimas de los redentores y sus blogs con cero comentarios en cada post. Así murieron Harold Cepero y Oswaldo Payá, mártires de un país perverso donde un poder perpetuo te lapida y encima te manipula hasta la muerte con impunidad. A ambos los mató el Ministerio del Interior cubano el domingo 22 de julio de 2012, como dos don nadies que ahora son apenas estadísticas dudosas para los peritos con Ph.D. del New York Times. A ese edificio de Manhattan, tan escalofriante en su supuesta transparencia, le digo: Fuck you, New York Times.

Pero, por supuesto, la comparsita de nuestro exilio, histórico o recién llegado, le sigue la rima al New York Times. Unos dicen: levántenlo... Otros dicen: manténganlo… Y los argumentos en ambos casos fueron los concebidos décadas atrás por los jerarcas genocidas desde La Habana.

Lo risible de este debate entre dinosaurios es lo que mantiene vivita y culeando a la momia comandantesca de Fidel: el dictador nos pone a bailar la conga de los comemierdas cada vez que le sale de sus cojones cadáveres.

Cubasummatum est.




viernes, 10 de octubre de 2014

Fetus and Other Left-overs

MY REPLICA TO "A man’s right to choose" by Dana Schwartz in The Brown Daily Herald.
http://www.browndailyherald.com/2014/10/02/schwartz-15-mans-right-choose/



"About a baby’s right to choose" by Orlando Luis Pardo Lazo,
I.W.P. Visiting Fellow Writer, Department of Literary Arts, Brown University.


In her opinion column "A man’s right to choose", Dana Schwartz, as in all legalist approaches to baby abortion, misses an elementary point: life is by no means a biological burden to life, despite supreme courts —that may come and go with the ages—, gender gurus and political correctness more or less fashionableft.

“Every woman should have complete control over her own body and the decision to become a mother”. I couldn’t agree more with Schwartz. But this doesn’t extend to someone else’s body. Unless that the soon-to-be-born baby is deemed devoid of any control over his or her body and, in turn, deemed devoid of the decisions that he or she will never take once medically annihilated.

Modern society seems to have forgotten that babies are also women and men —mothers and fathers of other mothers and fathers to come—, not just sterile statistics for civil vindications. “Reducing the number of unwanted infants” is as simple as reducing the number of irresponsible conceptions. 

Schwartz should be consequent enough as to discuss if women, in order not to be forced to become unwanted mothers, should “have the right” to destroy a baby’s body after “it” is born, but being still a part of her body through that last burden called the umbilical cord. 

We condemn adult violence in Ferguson. We foster it from the very beginning against our own fetuses.